Un obituario para Gonzalez*

Gonzalez es una publicación que clausuraron porque

la institución en la que circulaba no se sentía representada

-tal vez- con la informalidad de González.

Sin embargo, a veces lo importante no está dicho en actas.

González funcionaba como una conversación de pasillo extendida,

que a veces tenía efecto en las vías burocráticas.

Un día lo tuvo tanto, que fue suspendida.

Pero ya volvió, y aquí está el primer obituario

que no describe quién muere sino quién contraataca.

***

Lapidario es una buena palabra. Uno se imagina que a un fulanito lo han matado de una paliza. Cuando se dice de alguien que recurre a “un discurso lapidario”, uno piensa de manera efectiva y contundente la manera en que las palabras son capaces de hacer cosas, hasta de mandar a algo o a alguien a la tumba.

El pez muere por su boca a través de sus palabras lapidarias. Ese pez era González. Porque el pez, por más que tenga branquias, malo porque boga y malo porque no boga. A los peces, más que hablar, les conviene seguir nadando en su nada de nada.

Menos mal que volvió porque participar allí en algún momento -corto- de mi vida fue tan importante como “hacer carrera académica”. Yo me preguntaba: ¿Será que lo que uno publica allí lo puede poner en su hoja de vida? No sabía hacer hojas de vida o “portafolio” que le dicen a veces, pero sí sabía escribir para González; uno de esos espacios tan indispensables para nosotros los buenos para nada.

Y con esto pareciera que quisiera volver a enterrar la publicacioncita esa; pero no, errar es un bonito verbo. Toda esta desfachatez que digo aquí me la enseñó González, esa práctica del escribir sin tanto formalismo, cuartillas, y vías burocráticas. Un espacio para la escritura como ensayo (y no el ensayo como única forma de la escritura), y la escritura como ritmo, y tantas otras cosas que no corresponden necesariamente con las ideas “claras” de La Neolengua.

Todos alcanzamos a decir “Apague y vámonos”, pero se dejó una rendijita de luz en la puerta a medio abrir a ver si se nos hacía el milagrito. Al tercer día González resucitó como nuestro señor jesucristo; ese big fish que institucionalizó las prácticas especulativas y que ha dado tanto de qué hablar.

La publicación semanal resucitada se puede descargar aquí:

http://areadeproyectos.org/gonzalez/

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Acerca de resúmenes injustos

Escritura sobre arte (y otros campos de patéticas batallas)

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