La sucursal del prohombre y el gusano*

*Publicado en Revista Bacánika,

Edición # 32
Marzo de 2010.

En Cali hay todo tipo de estatuas. Hay hechas por gentes importantes que se dedican a hacer pajaritos de hierro y de bronce, hay homenajes a valores absolutos como la salud, la vida y la policía. Se le rinde homenaje a todo, lo mismo un perro que un poeta. Jovita, una reconocida loca de la calle, famosa durante los años 60 y 70, también tiene su estatua. Quien la construyó, dice que lo hizo como un intento de democratizar el arte –su arte- (para que la gente de a pie tenga acceso a este en lugares como las plazas y los parques), por su compromiso con la belleza y el embellecimiento de la ciudad; con el fin de rendirle un homenaje a este personaje, y a la identidad caleña que se ve representada en esta mujer.

¿Qué tiene que ver Jovita con eso? Y ¿Qué es eso de “identidad caleña”? Si tal cosa existiera, se podría decir que Jovita representa a la sultana del Valle por ser un personaje extraño, ecléctico: era pobre pero se vestía como aristócrata (vestido de gala y sombrero), y se creía a pie juntillas sus ínfulas de reina, por lo que se hacía tratar como tal (y lo lograba), era una loca de la calle que no dormía en las calles (rentaba habitaciones). Cali es una ciudad bizarra: los locos hacen parte de su historia, en ella usted puede combinar a satisfacción sus dotes de chiflado y bohemio con su trabajo artístico comprometido. Es el sitio donde se encuentra en la misma rumba al prohombre y al gusano, al alcalde de turno, al artista del momento, al niño de colegio con contraseña falsa, el expunkero y el metalero en ejercicio. El Calor es un catalizador para que todo se mezcle. Al otro día vuelve el pobre a su pobreza y el rico a su riqueza. Cali es una ciudad mágica: el pobre puede devenir rápidamente en nuevo-rico. Jovita es un emblema caleño, porque como el progreso, como los tristes trópicos, es una figura paradójica. Sin embargo en esta ciudad se le rinde homenaje a la inversa, porque aquí las cosas pocas veces se hacen al estilo Jovita; es decir, con poca plata pero con elegancia.

Eso sí, hay mucha vida social y todo está por hacerse porque los gobernantes y locales se gastan la plata erigiendo monumentos y falsos testimonios, sin dejar para nada más. Por lo tanto este es un destino ideal que está necesitando de artistas e intelectuales de medio tiempo y de tiempo completo que, ante todo, no estén tan comprometidos con la belleza.

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