Carolina Ruiz, Travelling

Exposición en Casa Proartes, Cali

Marzo de 2011

He visto dos exposiciones de Carolina, acerca de ninguna puedo decir nada concluyente. Y este no es un problema, sino una virtud. No se trata tampoco de decir que es una artista virtuosa, sino más bien que es una artista escurridiza. Los títulos de sus muestras individuales (Muchas Gracias 2009, y La Carolina Ruiz en Mataró, 2010) no dan muchas pistas; excepto el último: Travelling 2011. Si, se llama travelling, pero el viaje no es “la temática” sino un modo de operar: hacer paneos donde el tema parece accidental.

En el primer piso está todo lo que se puede relacionar con la acepción de vuelo que tiene el título de la muestra: imágenes de pilotos, aviones, matasellos, la palabra “levita”, unas alas, unas cajas negras que parecen señalética de aeropuerto, un certificado en acuarela que garantiza que la artista observó un meridiano -en un sitio de esos que están a mitad de camino entre la tecnología, la ciencia y el turismo-, una niña señalando un mundo (mapamundi) de su misma estatura, un cielo cambiando de luz. Imágenes de cosas que para ser vistas se tienen que mirar  desde arriba. El vuelo permite ver en perspectiva, sitúa a alguien por fuera del mundo, como el mejor prototipo de El Observador. El piloto, en un sentido estricto, no es otra cosa que un filósofo o un artista: es el que observa y ejecuta unas maniobras desde el aire.

Entonces en la sala del primer piso Carolina parece que jugara a cumplir con la tarea clásica de “referirse a un tema”; pero en el segundo piso lo destruye todo, como se usa hoy en día. Allí en esa otra sala, en una pared, en vez de poner cuadros, construye la sombra de mugre que deja una imagen o un marco que ha estado pegado en la pared por mucho tiempo y después ha sido quitado. En otra pieza, en vez de registrar las obras de artistas canónicos (obras que sólo se pueden ver en vivo si el artista viaja), toma una foto que enmarca únicamente la esquina del cuadro donde el autor puso su firma, y hace una serie de estas fotografías.

En otra obra, hace unos retratos de personajes enmascarados (personas que sólo pueden ver por un huequito y tienen que vivir escapando): usa acrílico pero no lo satura -lo deja aguado-, lo que hace que parezcan bocetos. Otra pieza se llama precisamente así Bocetos, y son varios figurines en arcilla, formas medio indefinidas, medio hechas a la carrera, que pueden ser un hombre un animal, o simplemente un pedazo de arcilla informe con un par de ojos. Pero esta tendencia a dejar ver los esbozos iniciales de algo, también se veía en la sala de abajo: en el lienzo de la niña y el mapamundi, todo estaba como aguado, como en grises, dejando ver el lápiz que antecedió la pintura. También en un cuadro que se llama Amérika, en el que pinta un señor con pinta de colonizador -lo hace sobre una tela muy-muy tropical (estampado de piel de tigre y flores colorinches); el colonizador parece querer ser enmarcado en un círculo blanco que lo separa de la tela exhuberante; sin embargo se le salen los pies y el círculo chorrea manchando la tela que lo soporta. En estas piezas la artista deja ver sus pasos y no confía mucho en la perfección: una cosa contamina la otra.

También en el segundo piso, hay una pequeña reproducción de lo que podría ser el estudio de la artista (un escritorio, una silla, y al lado una ventana con persiana veneciana) en el que se pone una foto del estudio real en donde hay otra foto del estudio en otro estado en el que hay otra foto de la misma escena y en esa foto otra; y así se construye el efecto túnel que logra la representación de la representación de la representación; amén.

En la pared enfrente de esta instalación, hay una ventana falsa construida con madera, pero la ventana no deja ver hacia ningún otro lado. La ventana, la representación, la perspectiva; es decir: la mirada. Entonces el paneo que hace Carolina no es por diferentes temas, sino por diferentes maneras de construir o deshacer imágenes. Un travelling por ciertas estrategias contemporáneas -pero ya clásicas- del arte: negar, callar, no representar, exaltar el proceso, nunca llegar. Escapar a los curadores que les encanta asignar temas, volarse de la sacrosanta exposición temática.

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