UNA CONVERSACIÓN CON LUIS OSPINA

harás de tu nostalgia una práctica crítica 

(no todo tiempo pasado fue mejor)

LUIS OSPINA: Hay que ver que cuando yo tenía veinte años Cali era una ciudad más pequeña, era más provinciana, y nosotros éramos muy precoces. No había mucha gente como nosotros en ese momento: sólo había un Andrés Caicedo, sólo había un Carlos Mayolo. No se habían hecho cosas, era un ciudad que estaba todavía muy virgen culturalmente. Antes de Andrés Caicedo no existían los relatos o la novela urbana. En la época en que nosotros crecimos, siempre nos decían que Colombia era un país rural, y que se vivía esta violencia entre liberales y conservadores, y entonces todas las novelas eran sobre pueblos y peleas políticas en los pueblos, y esto lo acentuaba todavía más García Márquez. Al endiosar a este señor y todo ese realismo mágico, eso reforzó la idea  de que Colombia era un país provinciano, rural, y mágico. A mi todo eso del realismo mágico me molesta muchísimo. Yo ya no leería esas cosas que tienen que ver con temas frente a los que uno es proclive a los veinte años.

ERICKA FLOREZ: ¿Cuáles son esos temas a los que uno es proclive a los veinte años? ¿Y en qué cosas creías vos que ahora ya no crees?

L: Es que a mi me tocó una etapa que fue en la que más se glorificó a la juventud. A raíz de mayo del 68, el movimiento hippie, el movimiento rock, todo eso era una glorificación de la juventud y de las drogas. Los jóvenes del mundo entero estaban en la misma onda. No como el internet ahora, no; eran las mismas ideas libertarias que se daban en Praga, se daban en París, en Ciudad de México, en Berkeley California; todo el mundo estaba influenciado por esas ideas. Como que todos pensaban que se podía cambiar el mundo. Recién había pasado la revolución cubana, entonces se esperaba que en estos países de América Latina que habían sido tan conservadores y tan llenos de dictaduras, podían haber otras alternativas. Aún en la iglesia católica habían movimientos de renovación, de la liberación. Había toda esta glorificación del guerrillero. El guerrillero ícono, con esta foto que lo volvió tan famoso. Ese es, por ejemplo, uno de los mitos en los que no puedo creer. En el mito del che Guevara.

E: Pero vos en ese momento, entre los veinte y los treinta años, ¿sentiste que hacías parte de esa gran onda? ¿Sentías que querías cambiar el mundo también?

L: Si, pensaba que se podía cambiar. Y se lograron cosas, se cambió mucho. Actitudes sobre el sexo por ejemplo, sobre el uso recreativo de las drogas, sobre relaciones de pareja, cuestionamiento del matrimonio, de la procreación, de la propiedad. Se desmontaron muchos mitos como la religión católica. Se logró que Estados Unidos se retirara de Vietnam, perdiera una guerra -cosa que no se pensaba posible-, que un imperio lo derrotara un país como Vietnam, un territorio de gente muy pobre, descalza, peleando con armas rudimentarias. Se logró que Richard Nixon, al descubrir las chuzadas que estaba haciendo, se retirara de la presidencia. Cayeron grandes dictadores. Yo digo que es la última época en que la humanidad, y más específicamente, la juventud, pensó que podía cambiar el mundo. Ahora esa esperanza la han cambiado por salvar el planeta, ¡Free Willy!, ¡salvemos el Amazonas! (jajajajaja), ¡no tomemos Coca Cola!, y pendejadas así (jajajajaja).

E: ¿Qué tipo de joven eras vos? ¿un creyente furioso?

L: Yo era un poco el producto de mi época. Tenía todas las cosas sintomáticas: me vestía de una forma rara, tenía el pelo largo, consumía drogas, creía en el amor libre. Si, me sentía “parte de”. Es que en ese momento o uno se ubicaba dentro de la sociedad o uno se ubicaba como un outsider. Entonces nosotros siempre éramos eso, como unos outsiders. Eso se ve en la obra de Andrés Caicedo, con estos muchachos que tratan “desclasarse”, de salir de su clase acomodada del nortecito de Cali, y tratar de meterse en los mundos más de barrio.

E: Yo siento que cuando uno cree en cosas grandes o en posibles cambios, hay como una actitud de tomarse demasiado en serio a uno mismo y a sus propias ideas, como que se asume cierta actitud solemne. En tu trabajo yo no veo eso, y en cambio sí veo una postura que toma distancia frente a la grandilocuencia, la pontificación, etc. ¿Vos alguna vez fuiste panfletudo?

L: Sólo en casos como en la película Viene el hombre, y también en unos pedazos en Oiga vea. En esa época el cine era muy panfletudo y se creía que el cine de denuncia era lo que había que hacer y que todo era por medio de contraste: por aquí están los pobres, por aquí están los ricos; blanco o negro. Si, fui parte de eso pero entonces cada vez fui desconfiando más y eso se ve en mi trabajo. Ya cuando reflexioné sobre eso, treinta (¿o cuarenta?) años después, cuando hice Un tigre de papel, ya las cosas son vistas con mas ironía. Mi cine es cada vez más pesimista. Cada vez veo que hay menos alternativas de que el curso que lleva el mundo sólo lo va a llevar a su propia destrucción. Además antes se creía que podían haber alternativas. Estaba la del socialismo y el comunismo, y estaba el status quo. Ahora sólo hay capitalismo realmente. Con la caída del muro de Berlín fue la muerte de esas ideas de socialismo y comunismo. Ya todo es muy homogéneo. Ya todo el mundo es de derecha. Todos los gobernantes del mundo son de derecha.

E: ¿Por qué será?

L: (jajajajajaja) Porque es un mundo regido por el mercado, y a nadie le importa la otra gente, cada uno por su lado y los demás que se jodan.

E: ¿Por cuáles cosas sentís nostalgia ahora, en esta época de tu vida?

L: Cuando hice Un Tigre de papel, una vez me preguntaron que si eso era una película nostálgica. Yo dije que si, pero que es una nostalgia crítica, no es una nostalgia diciendo que todo era perfecto en esa época. No, no era perfecto, había cosas criticables, y las señalo en la película. Pero sí siento una nostalgia: uno no va a volver a tener veinte años ni veinticinco años. No va a volver a vivir cosas así. En esa época había como una especie de sentido de pertenencia a algo. Extraño las fiestas que había.

E: ¿Qué tienen de distinto a las de ahora?

L: Siento que ahora me aburro en la mayoría de las fiestas. Me ha dado por pensar en los años ochenta, ya pensé en los años setenta y sesenta, ahora me ha dado por pensar en los ochenta. Y de pronto si hago otra película será sobre esos años. Como que fue una década que no le gustó a la gente. Pero ahora le encuentro cierto charm.

E: ¿Cuál es el encanto?

L: El espíritu de fiesta, toda esa energía de la cocaína de esa época, toda esa intensidad que hubo en esos años. A mi lo que no me gusta es la conformidad, que la gente se aplane, se vuelva tan convencional que coma entero todo el tiempo. Yo creo que yo voy a ser rebelde hasta que me muera, voy a estar siempre en contra de las cosas.

E: ¿Eso es qué? ¿una estrategia de supervivencia?

L: Puede serlo, pero yo creo que es también ser fiel a las ideas, por que hay mucha gente que se da por vencida y se dedica a ser como el resto del mundo: se casan, tienen hijos, reproducen en sus hijos lo que la sociedad espera de ellos, los meten a los mismos colegios que lo torturaron a uno. No avanza. Un afán de reproducir las cosas tal y como están.

Die young

E: No sé porqué creo que en esta ciudad el mito de morirse joven ha hecho tanto ruido. Creo que en general esa leyenda del “die young” crea un mito del artista intenso, adolorido, mártir.

L: Esa frase “live fast die young and have a a good looking corps”, es de una película de Nicolas Ray, es la primera vez que se oye esa frase. Después se sigue usando la expresión, hubo canciones, se aplicó a personajes como James Dean, que también fue actor de una película de Nicolas Ray. Era el hombre más hermoso de Hollywood en ese momento, con la carrera más prometedora y se estrelló en un porsche a toda velocidad. Después de eso vinieron fenómenos como todos estos rockeros que han muerto jóvenes: Janis Joplin, Jimy Hendrix, Kurt Cobain. Siempre hay un atractivo con eso, a la juventud le gusta eso, y la ventaja de morir joven es que uno queda eternamente joven. John Lennon antes de ayer hubiera cumplido setenta años; y Andrés Caicedo hubiera cumplido 59 años ahora en Septiembre. No me los imagino cómo serían ahora físicamente.

E: Me hacés pensar que ese fenómeno se hubiera vuelto más fuerte entre los setentas y los noventas. ¿Siempre ha habido una fetichizaciñon de los que mueren jóvenes?

L: Yo creo que es un fenómeno sobre todo del siglo XX, porque ya existe la fotografía, el cine y los medios masivos; entonces la mitificación sucede muy rápido. Lo que decía Andy Warhol: que en el futuro todo el mundo iba a ser famoso quince minutos. Entonces los Beatles se crean muy rápido. El fenómeno del star system y de los rock star, eso es mas que todo del siglo XX, y ahora estamos en el siglo XXI y es cada vez más fuerte. Ahora alguien se puede volver famoso rapidísimo, sale en un reality y de pronto es una estrella. Se crean falsos mitos, como que tal persona es una gran actriz o tal otra un gran director de cine. Se tiene que justificar de alguna manera que un actor gane treinta millones de dólares.

Ocultarás tu deseo de diálogo, tu entusiasmo y tu solemnidad

E: Yo quiero saber ¿qué es lo que te hace falta ahora en las rumbas?

L: La buena conversación. Ya no se puede hablar

E: Sí, está mal visto

L: Sí, está mal visto y el volumen es tal que ya no se puede hablar. Todo es con ruido, entonces no hay nada. Y también pues la rumba de los ochenta comenzó a desgastarse, a repetirse, sobre todo porque la cocaína tiene ese cosa de que la gente se vuelve repetitiva, y entre más perico meten más repetitivos. Se volvieron muy parecidas esas fiestas, entonces ya me aburrí que me dijeran la misma cosa veinte mil veces. Es que todo tiende al desgaste. No sé qué vaya a pasar en el futuro.

-Yo te quisiera hacer una pregunta: ¿Por qué la generación de ustedes siente nostalgia por esa época de los sesenta y los setenta?

E: Pues…Yo escuchaba decir a mi papá algo así como que después de los setenta ya no pasaba nada, ni cultural, ni artística, ni musicalmente. Entonces yo me crié escuchando la música de mis papás (Pink Floyd, los Beatles, Paul Simon, Bob Dylan, Bob Marley, etc.), incluso más que la que sonaba en mi momento. Las canciones de mi infancia y adolescencia son las canciones de la adolescencia de mis papás. Entonces yo crecí mirando hacia atrás, todo el tiempo tratando de reconstruir en mi entorno lo que se suponía debía ser la juventud, según la idea mítica que me hice a partir de los relatos de mis papás; esperando a que Woodstock otra vez fuera posible. A mucha gente que conozco de mi edad, creo que le pasa algo parecido. Creo que los nostálgicos son los papás de uno, y uno creció con esa herencia.

L: (jajajajaja) Es una nostalgia de algo que no vivieron, y allí está la frustración, saben que existió eso pero no lo vivieron, sino a través de una persona interpuesta….

E: Sí, pero creo que la gente más joven que yo tiene una actitud distinta (yo tengo veintisiete años), una actitud un poco más desenfadada frente a su pasado, su historia o su prehistoria, más desapegadas respecto a esa época.

L: Yo por ejemplo veo que una película como Un tigre de papel le gusta a gente que tiene tu edad, y yo nunca pensé que iba a gustar tanto a esa generación, porque habla de temas que son muy del pasado, pero son cosas que han vivido a través de los papás, entonces hay una curiosidad.

E: Pero creo que otra razón por la cual “pegó” tanto es por la manera en que se burla de esa añoranza. Creo que los que estamos próximos a los treinta estamos en la etapa de revisar esa nostalgia. También creo que este man de Pedro Manrique Figueroa es un personaje muy de ahorita,  o mejor, un personaje anacrónico -puede pertenecer a cualquier tiempo-. Es que ustedes vivieron el comunismo y el fanatismo implicado en eso, y nosotros vivimos el post-fanatismo. Manrique Figueroa encarna esas dos situaciones. Como que lo que viene después de creer con fuerza y de descalabrarse, es una desfachatez; ese parece ser el único camino.

L: (jajajajajajaajaja) ¿Y qué ocupación tienen tus papas? ¿y qué edad tienen?

E: Mis papás son (…), mis papás hacen (…), mis papás tienen (…), mis papás eran (…).

Octubre de 2010.

Sobre Luis: http://www.luisospina.com/

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